Un pacto y sus resultados

El 20 de noviembre de 2016, en el Congreso Nacional de Morena 3,000 delegados electos directamente por la militancia aprobaron por abrumadora mayoría invitar a hombres y mujeres de todas las condiciones sociales, incluso –se dijo explícitamente- militantes y dirigentes de otros partidos, a sumarse a una amplia alianza nacional, un “Acuerdo Político por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México”.

Treinta y tres eventos masivos, dos de ellos en la capital de la República y otros 31 en las capitales de los estados, ratificaron este acuerdo. Salvo algún abucheado, miles y miles de mexicanos, llenos de entusiasmo, fueron testigos y actores de la construcción de esta alianza. Tuve el privilegio de firmarlo en la Ciudad de México y en León, Guanajuato, y de ser testigo de la firma del Acuerdo en Ciudad Victoria, Puebla, Tepic y Tlaxcala, así como el nacional, una vez más en la ciudad de México. Me consta de primera mano el entusiasmo de la militancia de base de Morena y el arranque de la construcción de una amplísima alianza que se me hace indispensable para echar del poder a quienes lo han detentado en detrimento de las mayorías, de nuestra soberanía, de nuestros recursos, de nuestro futuro.

He recurrido a mi conocimiento de la historia para recordar que la izquierda únicamente ha llegado al poder, incluso por la vía armada, que en Morena rechazamos explícitamente, únicamente mediante la construcción de amplias alianzas que van más allá de la izquierda. Hemos He explicado en veinte, treinta cursos y conferencias desde fines del año pasado que en este tipo de coyunturas hacen falta todos los que se definan d este lado hoy, aunque ayer hayan sido parte del régimen. Así ha sido en la historia. He explicado también, porque así nos lo enseña la historia, que este tipo de alianzas producen resultado cuando quien lleva el timón no lo pierde de vista, cuando los nuevos aliados aceptan el programa de quien dirige la alianza.

Y ahora, que la alianza está dando frutos crecientes, que los partidos en el poder se resquebrajan, que pierden militantes por miles y cuadros dirigentes por decenas, que se suman a nosotros y aceptan nuestro programa y nuestra dirección, escucho con (relativa) sorpresa voces que pretenden excluir a los nuevos aliados. Algunas de estas voces son abiertas provocaciones: enemigos de Morena desde el principio que usan lo que sea para atacarnos (si nuestra política hubiese sido la opuesta, también nos criticarían con igual encono). Estas hablan de “Mesías” y dedazos (el cliché inventado por el contratista intelectual favorito del régimen) y mucha gente, por desconocimiento, los sigue: ignoran que no es decisión de una persona sino de 3,000 delegados libremente electos, entre ellos muchos de los mejores mujeres y hombres de este país, mujeres y hombres libres y valientes que toda su vida han combatido frontalmente a este régimen depredador y criminal.

De las voces honestas provenientes de Morena, me extraña. ¿Ya se les olvidó el Pacto que queríamos?, ¿ya se les olvidó que no queremos un gobierno sólo para nosotros y que para ello debemos dar representación y cabida a los otros sectores del espectro nacional? Por mi parte, aplaudo casi todas las nuevas incorporaciones y acepto las que no me gustan, porque acepté y aprobé la política general de que forman parte. Y al hacer las cuentas de nuestros precandidatos a puestos de elección popular para el 2018, observo que en la mayoría, en los más importantes, hay gente de lucha, mujeres y hombres honestos, coherentes y de izquierda. Y observo que no pocos de son resultado de esta política de alianzas, abre y refresca a Morena.

Cuando se viene de 30 años de neoliberalismo corrupto, demasiados, muchos de ellos sin quererlo hacer o contra sus propios principios, tuvieron que ser parte de ello. Bienvenidos ahora que ya no quieren serlo, que ven la forma de ya no serlo.

¡Buenos días, portero de Petersburgo!

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Un comentario en “Un pacto y sus resultados

  1. Lo que se está disputando hoy en México, no es un México del pueblo pobre contra los ricos, sino una lucha interburguesa, es decir, entre la burguesía nacional y la burguesía trasnacionalista, entreguista, proYanqui, lo que amlo llama “la mafia del poder”. El pueblo es tan solo el espectador y los votos para legitimar que fracción de la burguesía se queda con el poder. O viéndolo de otra manera, sería, por quien vas a votar, por la burguesía nacionalista (AMLO) o por la burguesía proyanqui e imperialista (Meado). Por eso vemos que los políticos partidistas se están acomodando entre estos dos proyectos, el nacional o el proyanqui. En los políticos ya no hay ideología, sino intereses económicos y más tarde que temprano, se están pasando de un bando a otro, el reciclaje de la clase política, en marcha. Y nos falta ver lo peor de un sistema podrido, dicen que, cuando el animal está herido de muerte, patalea más fuerte y obvio, la ley de seguridad interior servirá para calmar eso. Como siempre la carne de cañon siempre es del pueblo, esperemos que no corra demasiada sangre.

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