Clausewitz y el ocio

Una de esas feroces odiadoras de AMLO, que extienden su virulencia a cuantos públicamente apoyamos la candidatura del tabasqueño, creyó haber encontrado una forma “brillante” de “desacreditarme” que escribir este tuit:

“@HistoriaPedro dice ser Dr en #Historia con 14 libros y dos premios nacionales. Eche un vistazo a uno de sus libros donde hace un pseudo análisis #militar de la #Revolucion y la teoría de Clausewitz. Nunca menciona la obra ni la máxima más conocida de este militar. Entonces?”

(https://twitter.com/emarthaaide/status/1001522126933946370).

Por supuesto que debí hacer caso omiso de esa impertinencia, pero como hay veces que uno necesita divertirse, le respondí con la foto de mi libro “1915: México en guerra”, donde refiero al libro cl´sico de Clausewitz. Continuaron sus impertinencias y -típico- sus mentiras, de modo que al jolgorio siguió la añoranza. En efecto: no es necesario citar a Clausewitz en los análisis de la revolución mexicana, pero casualmente lo hago en dos de mis libros, lo que me llevó a recordar un análisis preparatorio, una reflexión que precedió a esos libros, que escribí en 2002 o 2003, y que publiqué unos años después.

Aunque es una reflexión preparatoria presentada en un seminario de discusión, muchs de cuyas premisas ya no comparto, la recuerdo con cariño. Así pues, agradezco a la envenanada tuitera recordármelo y reproduzco hoy lo que entonces escribís sobre Clausewitz:

4. El más famoso de los libros sobre la guerra como actividad humana lo escribió un militar prusiano que había combatido contra los ejércitos de Napeleón: Karl von Clausewitz. Muchas de nuestras formas de entender la guerra, y la concepción dominante en 1915, surgen de su interpretación. Clausewitz está inmerso en la gran corriente filosófica alemana que, a partir de Hegel, piensa que está descubriendo el sentido, el significado de la historia universal. Si en las Lecciones de filosofía de la historia Hegel parte del hecho “filosóficamente probado” de que la Razón o Idea rige al mundo y “en la historia universal ha ocurrido todo según la razón”, mostrando la realidad intrínseca del devenir histórico, Clausewitz también “reivindicaba haber descubierto la realidad intrínseca y fundamental” de la guerra. Una y otra vez aparecen en sus páginas argumentos sobre la “naturaleza” o “esencia” de la guerra, sus leyes inmutables, sus determinaciones… y esta concepción de la guerra se impuso primero en los mandos del ejército prusiano y, tras la guerra franco-prusiana de 1870-1871, se convirtió también en la directriz de la diplomacia del Imperio Alemán y en la teoría dominante en el Estado mayor francés. Una vez que los dos ejércitos terrestres más poderosos de la época adaptaron sus concepciones a las ideas de Clausewitz, “por un inevitable fenómeno de ósmosis, estas fueron impregnando todo el pensamiento militar europeo, y en 1914 sus planteamientos […] eran clausewitzianos”.

Para entender la aplicación del pensamiento de Clausewitz a la guerra de 1914-1918 y al pensamiento militar dominante entonces, basta con retomar tres ideas de Clausewitz y sus efectos: la concepción de la guerra misma, la idea del encuentro y la batalla, y la dialéctica entre ofensiva y defensiva.

a) La guerra.
“La guerra es […] un acto de violencia para imponer nuestra voluntad al adversario”.
Cuyo propósito es desarmar o destruir al enemigo. Para lograr ese propósito, hay que recurrir al máximo despliegue de fuerzas. Y ese despliegue de fuerzas, en la guerra moderna, iniciada por Napoleón, implica la total fuerza política y militar,

“el corazón y los sentimientos de una nación […]
“Es fácil percibir que la guerra librada con todo el peso del poder nacional en ambos bandos, debe ser organizada sobre la base de otros principios que aquellos en los que todo estaba calculado de acuerdo con las relaciones recíprocas de los ejércitos permanentes.”

Los objetivos políticos son la causa original de la guerra, por lo que efectivamente, como reza su más famoso aforismo:

“La guerra es la mera continuación de la política por otros medios.”
La guerra “no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios […] el propósito político es el objetivo, mientras que la guerra es el medio, y el medio no puede ser nunca considerado separadamente del objetivo.”

Así pues, la guerra es la continuación de la política por otros medios, es un acto de violencia para imponer nuestra voluntad al enemigo, utilizando la mayor fuerza posible (“el máximo despliegue de fuerzas”), para cumplir el propósito de desarmar o destruir al enemigo, sometiendo su voluntad. Si ese es el fin de la guerra, ¿cuáles son los medios?
“Existe solamente un medio: el combate.”

b) La batalla.
“El encuentro es la única actividad realmente bélica y todo lo demás está supeditado a ella.”
El objetivo del encuentro es la destrucción de las fuerzas del enemigo, y entre mayor es el encuentro, entre mayores esfuerzos se hagan en él, mayores su importancia y sus efectos, por lo que entre los encuentros, la “batalla principal” tiene el lugar de honor. Una batalla principal es “un conflicto emprendido con todos nuestros esfuerzos para el logro de una victoria verdadera”, pues “la esencia de la guerra es el combate, y la batalla es el combate de los ejércitos principales, deberá considerársela siempre como el centro de gravedad real en la guerra”. En una batalla así “deberá lucharse por la victoria mientras exista posibilidad de obtenerla. En consecuencia, no puede abandonarse por causa de circunstancias particulares, sino solo y únicamente si las fuerzas parecen por completo insuficientes”.

“Cualquiera sea la forma que puede tomar la conducción de una guerra en los casos particulares […] tendremos que remitirnos a la concepción de la guerra para convencernos de las afirmaciones siguientes:

“1. La destrucción de la fuerza militar del enemigo es el principio capital de la guerra, y para toda acción positiva, el campo principal para el logro del objetivo.
“2. Esta destrucción de la fuerza militar del enemigo se realiza principalmente sólo por medio del encuentro.
“3. Solo los encuentros grandes y generales producen resultados grandes.
“4. Se obtendrán los más grandes resultados cuando los encuentros se unifiquen en una gran batalla.
“5. Sólo en una gran batalla el general en jefe toma el mando en persona y, naturalmente, prefiere tomar a su cargo la dirección de la batalla.
De estas verdades se deduce una ley doble, cuyas partes se sustentan mutuamente; o sea, que la destrucción de la fuerza militar del enemigo ha de buscarse principalmente por medio de grandes batallas y de sus resultados, y que el objetivo principal de las grandes batallas debe ser la destrucción de la fuerza militar del enemigo.”

c) El ataque y la defensa.
“Si dos ideas forman una exacta antítesis lógica, es decir, si una es el complemento de la otra, entonces (…) cada una estará implícita en la otra”.

“¿Cuál es el concepto de la defensa? Detener un golpe. ¿Cuál es, entonces su signo característico? La espera de ese golpe […] Pero a causa de que la defensa absoluta contradice por completo el concepto sobre la guerra, porque entonces solo un bando llevará a cabo la guerra, síguese que en la guerra, la defensa solo puede ser relativa, y el signo característico mencionado sólo debe aplicarse, por lo tanto, al concepto considerado como un todo; no debe extenderse a todas las partes del mismo.”

Hassta aquí la transcripción, completa y sin correcciones, del numeral 4 de aquel texto. El numeral 5 consiste en una glosa de la crítica a Clausewitz hecha por John Keegan, el mariscal Montgomery, Marc Ferro y otros autores.

Para mayor curiosidad, el texto está en un libro del que no existe versión electrónica:

Pedro Salmerón, “Celaya y Verdún en 1915: Crítica a las comparaciones tradicionales”, en Jaime Olveda (coordinador), Independencia y Revolución. Reflexiones en torno del bicentenario y del centenario, Zapopan, El Colegio de Jalisco, 2008, pp. 195-216.

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