Elogio de la barbacoa de barrio

Una larga experiencia de viajero y catador me ha enseñado a desconfiar de los lugares para turistas y de aquellos que tienen cartas extensísimas. Ayer viernes, en el Encuentro Nacional de Fototecas, olvidé ese par de normas y, por regresar a las mesas de la tarde y por comer con los colegas, acepté la recomendación del hotel y fui a célebre restaurante de comida regional hidalguense… donde lo único realmente bueno fue el trío huasteco que amenizó el almuerzo.

Célebre restaurante que pretendía abarcar en su carta las delicias de todas ls regiones de Hidalgo y que les sirvió a quienes eso pidieron, una barbacoa recalentada 8exclusivamente maciza) con tortillas de tortillería…

De manera que hoy tempranito apenas pasadas las siete, y siendo agosto, no tan frío como pueden ser las madrugadas de Pachuca), con afán reivindicativo, paré un taxi y le expliqué al chofer exactamente lo que buscaba…

-Arribita del centro –me dijo, y tras breve pausa meditativa, me advirtió-: pero hay trasnochadores.

Me encantó la precisión del término:

-No se apure –respondí-: si no peleo con mis borrachos, menos con los ajenos.

(Para los desconocedores, hay que aclarar que “arribita” tiene también una connotación geográfica precisa. La vieja ciudad de concentración minera de Pachuca se construyó al pie de la sierra, por lo que los barrios mineros están ya en las estribaciones de la misma, arriba del centro. La ciudad ha crecido hacia la llanura, de modo que el “centro” está en el extremo de la urbe y hacia arribita, aquellos barrios, gracias a Dios no “gentrificados”.)

Diez minutos después, en retorcido callejón, el taxista me dejó en una puerta sin anuncio de ninguna especie. Para entrar a la casa había que bajar las escaleras y ahí, ante mis ojos, el hoyo de la barbacoa, con las pencas de maguey ya abiertas, mostrando su tesoro. Del comal salían las tortills recién hechas… ¿no quiere usted barbacoa? Almuerce en otro sitio: es lo único que venden

Ahí estaban los trasnochadores, con sus caguamas y alguno de ellos el pico clavado entre sus brazos cruzados sobre la mesa. También repartidores listos para iniciar su jornada laboral, echándose antes un consomé.

Me senté al fondo, pedí una Victoria y un consomé con pata. Tras el consomé, un taco de cosilla y uno de espaldilla… y mientras los degustaba pasdamente, con su cebollita picada y su salsa borracha, recordé que no estoy hecho para los sitios de turistas.

¿Le interesa? Calle Instituto casi esquina Aquiles Serdán, Barrio El Atorón.

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