Esto es también la Universidad

Rezaba así el estribillo de una serie de promocionales. UNAMocéntricos, le llamamos así a la nuestra, La Universidad. De ella soy hijo y le debo gran parte de lo mejor que soy y que tengo (todo, si consideramos que mis padres se conocieron en ella). En ella estudiaron o estudian cien tíos, primos, hermanos. Obtuve en ella los tres grados académicos al uso (1992-2003); fui profesor de asignatura (2000-2014 y 2017); participé en una de sus crisis más desgarradoras (1999-2000); me eligieron para uno de sus innumerables órganos colegiados (2000-2003); pretendieron impedirme participar en otro proceso electoral. Vale decir también, que perdí tres concursos de oposición para ser profesor de tiempo completo y que fui desestimado para otras tantas plazas por “artículo 51”.

Considero que la Universidad es imprescindible para el país. Por ello, como dije desde el primer día de la actual polémica, rechazo por principio, cualquier reducción a su presupuesto. Venga de donde venga. La actual polémica, que parece ir menguando, arrojó dos posiciones extremas: la de quienes descalificaron a la Universidad o al menos a sus autoridades. Y aquellos que la defendieron como si fuera prístina, pura, intocable. A ellos quiero responder.

Porque la Universidad también es o fue parte del viejo régimen. El miércoles, Imanol Ordorika escribió en La Jornada: “las universidades públicas han sido baluarte de las luchas contra el autoritarismo… y en favor del cambio social”, a lo cual dedica la parte central de su artículo, y añadió: “en ellas se ha reproducido el autoritarismo y la antidemocracia que ha caracterizado al sistema político mexicano: Muchas han sido controladas por décadas por grupos de poder y familias bien identificables”. La UNAM fue bastión de la derecha anticardenista y de ella salieron los cuadros principales de los gobiernos de la era priísta (1946-1988), incluidos todos los presidentes de la República con una excepción.

Grandes problemas la aquejan. En términos académicos, la precariedad de la mayor parte de su planta docente; los mecanismos de contratación y renovación de la planta académica; y la estratificación salarial. En esos tres problemas juegan un papel no desdeñable, los grupos o mafias académicas.

El anuncio de una profunda transformación nacional también ha sacudido a la UNAM. El movimiento de huelga iniciado a raíz de la agresión a estudiantes del CCH por porros perfectamente identificados, el pasado 3 de septiembre, permitió el inicio de una organización de profesores de asignatura que esta semana han expuesto sus demandas con claridad. Los profesores de asignatura, contratados para dar clases por horas, constituyen el 79% de la planta docente. Desde el año 2000 su número ha aumentado en un 38%, frente a un incremento del 9.5% de los profesores de tiempo completo. Es decir, que la UNAM no ha fomentado la profesionalización docente, sino “el trabajo a destajo y precario”. Celebro el documento y hago mías sus demandas: https://drive.google.com/file/d/15uT1FD_pEvyzmuqIJ7B1EXVeKrhYH4JH/view.

Hace un par de años intenté obtener los datos sobre el porcentaje de profesores de tiempo completo contratados originalmente por “artículo 51”. No fue posible: el dato está sepultado. En la práctica, ese artículo permite (¿permitía?) que los directores contrataran nuevo personal académico a discreción. Y aunque posteriormente esos profesores se sometían a concurso, era público y notorio que dichos exámenes se hacían a la medida de quien ya tenía la plaza. Me dicen que se ha ido modificando, aunque no lo suficiente. Creo que basta con haber explicado el mecanismo…

De la estratificación salarial ya habló el documento que cito. Además de la precariedad salarial de los profesores de asignatura, en la realidad, un profesor de tiempo completo puede ganar desde 15,000, hasta los más de 130,000 que ganan algunos funcionarios que, en principio, son también profesores de tiempo completo.

Los problemas inherentes a su forma de gobierno, a la inseguridad (¿por qué en lugar de llenar de rejas Ciudad Universitaria no se ponen autobuses de la FES-Aragón al metro?), a las condiciones pedagógicas que se deterioran mientras aumentan los salarios y los gastos suntuarios de una élite académica y administrativa, al lastre en que el Sindicato se empeña en convertirse, exigirían otro artículo.

Pero tres cosas me alientan: pese a todo, y en sus peores momentos, la Universidad ha sido semillero de ciencia y cultura. Pese a todo, quizá con lentitud, la actual administración encabezada por el Doctor Enrique Graue, respondió con sensibilidad a las demandas del movimiento iniciado en septiembre pasado. Y sobre todo, antier, el Doctor Graue mostró que puede encabezar en la UNAM la transformación que todo el país lleva a cabo, al anunciar la reducción de los salarios de la alta burocracia y un programa de austeridad, tras el anuncio de López Obrador que muestra también, que tenemos un presidente que escucha.

¡Goya, goya, cachún cachún ra ra, goya, UNIVERSIDAD!

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