Nexos, Cuba y la reducción al absurdo

Había un país muy, muy lejano, en el que dos revistas rivalizaban para presentarse como la crema de la intelectualidad, una se decía “liberal”, la otra se autodefinía “progresista”. También competían por financiamiento público y, desde 1988 hasta 2018, por la cercanía al gobernante en turno y al poder. Sus directores o caciques, ambos doctores en historia por una escuela de élite (compañeros de promoción), también compitieron para ver quién descalificaba con mayor eficacia o “elegancia” al más importante político opositor; al político más que al movimiento, porque ambos comparten también una visión de la historia muy personalista, en que los “grandes hombres” o “caudillos” adquieren peso desmedido. Pese a todos sus esfuerzos (algunos que bordearon la ilegalidad, como la llamada Operación Berlín), ese político se convirtió en jefe de Estado por virtud de las reglas de la democracia, tan exaltada y defendida por ellos cuando les conviene.

Perdidas sus canonjías y su cercanía con el poder, ambas revistas parecen haber dejado de competir entre sí y sus directores, redactores, consejeros, aparecen en las mismas listas de abajofirmantes y “notables”. Ciertamente, siguen escribiendo en ellas historiadores, antropólogos, periodistas honestos y capaces, pero aquí hablamos de sus directores y su línea editorial.

Tuvieron la desgracia de que los enemigos del líder opositor convertido en jefe de Estado encontraron voceros más (¿cómo llamarles?, ¿“frescos”? pero no en la acepción de diccionario, sino de cierto argot de España), digamos, más acordes con la estatura intelectual de sus líderes y paganos (todos ellos de muy simpáticos nombres, como Glodejo, Chumibebé, Callo de Hacha, Tumbaburros), de modo que no sólo se quedaron sin subvenciones públicas, sino que cada vez aparecían más aislados. Por tanto, fueron dejando elaborados malabarismos intelectuales estilo “Mesías Tropical” para sumarse (no alegremente: basta ver los rictus de uno de ellos durante la videoconferencia con sus compañeros de la prepa) al “es un peligro para México”. Cualquier cosa.

Esta reflexión (oquei: al nivel de las de ellos) se me ocurrió cuando un par de buenos amigos me pidieron que ojeara y hojeara un ensayo publicado en los números de julio y agosto de una de las dos revistas, y casi me fui de espaldas no con el ensayo (que es vergonzoso), sino con la introducción que la revista les puso. Porque quien escribió las introducciones no fue el ensayista (un excomandante guerrillero salvadoreño devenido en “crítico” de sí mismo desde la cómoda cercanía con los círculos del poder económico), sino el consejo editorial o el director de la revista. Así en julio:

 
“Sectores de la izquierda marxista pronostican el fin de la globalización y del capitalismo al que apodan neoliberalismo. En el mundo sólo quedan dos países con economías estatizadas de carácter marxista: Corea del Norte y Cuba. El capitalismo es ahora hegemónico bajo democracias liberales, en dictaduras comunistas, autocracias nacionalistas o dictadores bananeros. Corea del Norte es una monarquía comunista, no forma parte de la mitología revolucionaria universal. El régimen cubano es entonces el último referente moral, político e ideológico del modelo marxista, anticapitalista y antiimperialista […]”

Y así en agosto:

“En la entrega pasada […] se ocupó del régimen cubano como último refugio del modelo marxista y del desastre que fue Fidel Castro como jefe de Estado. En esta segunda y última parte del ensayo, detalla el efecto negativo que ha tenido la cercanía de Cuba con la izquierda en América Latina […]  Es momento […] de reconocer que no hay nada que agradecerle a Cuba, la dictadura más longeva, y de hacer que la izquierda deje de ser fiel a la religión marxista.”

No es el ensayo del exguerrillero lo que me interesa: al fin y al cabo, es su posición personal. Son las cabezas atrás citadas. Cuando leí esta inenarrable reducción al absurdo del marxismo y de la historia de Cuba, pensé que era digna de la pluma de los nuevos voceros de los intereses que defiende la revista, los ya mencionados Glodejo, Chumibebé, Callo de Hacha, Tumbaburros… pero resulta que es la presentación editorial que hace una revista que pretende ser foro de reflexión intelectual. ¿Quién las escribió? ¿Acaso el director?, ¿quizá su hermano, subdirector editorial, o su esposa, quien es parte del consejo editorial?, ¿o algún otro miembro de su consejo, como la jefa de la fundación de vocinglero empresario opositor, el exconsejero presidente del IFE, el sedicente cronista de la vida y la violencia en la capital o el excanciller que provocó el alejamiento diplomático con Cuba…?

 Dejemos Cuba de lado y los muy tramposos maniqueísmos del exguerrillero. Habría que preguntar sobre sus parámetros para medir el “fracaso” o el “éxito” de un sistema o modelo y de su muy visible doble rasero para definirlos (y su incomprensión de la realidad y la historia), pero es risible la vulgarización de las tesis de Francis Fukuyama sobre ese fin de la historia que tienen treinta años anunciando.

Dejemos también de lado su “el fin del capitalismo al que apodan neoliberalismo”. Sólo les recordaré que un colaborador asiduo de ambas revistas, doctor en sociología por la misma institución en que los directores de ambas se doctoraron en historia, ha escrito “Aunque pueda parecer un poco extraño, que lo es, hay que comenzar la historia diciendo que el neoliberalismo sí existe, y tiene ya casi un siglo de existencia” (http://www.fernandoescalante.net/category/libros/historia-minima-del-neoliberalismo/).

Dejemos, en fin, de lado, su “religión marxista”. Porque ignoran que incluso en medio de la crisis de la izquierda frente a la momentánea victoria del neoliberalismo (Enzo Traverso, La melancolía de la izquierda) el marxismo es “un edificio vivo” y un proyecto dinámico capaz de responder a los desafíos del presente. Está, como ejemplo el “ecosocialismo” que analiza la relación metabólica de los seres humanos, el capital y la naturaleza (John Bellamy Foster, James O’Connor, Michael Löwy); también la oikología (oikos, hogar) centrada en temas “invisibles” como la reproducción y el trabajo no renumerado que ayuda a sostener el sistema (Silvia Federici, Nancy Fraser). Solo una filosofía viva (no una “religión”) es capaz de dar cabida a la creatividad y las respuestas a los problemas del presente de autores como Erik Olin Wright, Samir Amin, Adolfo Gilly, Antonio Negri, Ellen Meiksins Wood, Robert Brenner, Helmut Reichelt, Moishe Postone, Robert Kurz, David Harvey, Neil Smith, Cedric Robinson, Gayatri Spivak, Dipesh Chakrabarty, Vivek Chibber… Pero regresemos a nuestras revistas “intelectuales”.

Dejemos a Cuba, al neoliberalismo y a la “religión marxista” para ir a lo más absurdo, lo más reduccionista de los dos párrafos introductorios (repetido ad nauseam en el ensayito del exguerrillero): “El régimen cubano es entonces el último referente moral, político e ideológico del modelo marxista, anticapitalista y antiimperialista”; y peor aún, cuando las luminarias de la revista dictan: “Es momento… de hacer que la izquierda deje de ser fiel a la religión marxista.”

Decíamos arriba que el pensamiento marxista está vivo, en múltiples vertientes creativas. Dejemos que se los diga en un párrafo un muy reconocido estudioso de la historia intelectual cubana, a quien los caciques intelectuales de la revista no podrían acusar de “castrista”, “castrochavista” ni “marxista”, no solo porque no lo es sino porque, casual, escribe con frecuencia en la revista:

“Los debates contemporáneos sobre la idea comunista en la teoría neomarxista contemporánea han replanteado la relación entre esa ideología de la izquierda de los siglos XIX y XX y la democracia, entendiendo por ésta última, la multiplicidad de formas representativas y pluralistas de gobierno que pueden identificarse en el siglo XXI, en la mayoría de los países del mundo. Pensadores neomarxistas muy heterogéneos como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, Michael Hardt, Étienne Balibar, Emmanuel Terray o Slavoj Zizek, han entendido el comunismo más como una radicalización de las instituciones y leyes básicas de la democracia, que como una destrucción de ese marco legal e institucional que adopta modalidades diversas en el mundo”(https://journals.openedition.org/cm/2661?lang=en).

He escrito de dos de esos autores, Terray y Zizek  (y Alain Badiou quien sostiene que la historia del comunismo apenas está iniciando http://www.cubadebate.cu/noticias/2010/11/09/alain-badiou-no-renuncio-a-la-idea-del-comunismo/#.XzkNQehKjIU). Entre otras posiciones, sostienen que, como el fin del “socialismo realmente existente” no significó el fin de la explotación capitalista y las formas de opresión que la acompañan, volvieron a abrirse preguntas como “¿qué organización social puede reemplazar al capitalismo existente?,” y otras que parten de la crítica histórica, del hecho concreto de que “las alternativas del siglo XX no funcionaron”.  Para estos autores se presenta la necesidad de (sin abandonar la defensa del multiculturalismo) poner otra vez en el centro de la discusión la economía política y recuperar, tras una despiadada crítica histórica, la idea del comunismo (https://www.jornada.com.mx/2014/12/16/opinion/020a2pol).

Esa despiadada crítica incluye a Cuba. El más mediático de los autores citados, es implacable: en una entrevista a propósito de la muerte de Fidel Castro, Slavoj Zizek afirmó:

Fidel Castro era un personaje fascinante, pero al nivel de sus ideas, sus políticas prácticas, debe ser olvidado lo antes posible. Por supuesto que sé lo que es admirar cómo un país pequeño enfrente a una potencia, pero pregúntate sinceramente ¿Cuba produjo algo nuevo en el sentido de una práctica social en economía, política, democracia? (https://www.youtube.com/watch?v=mRkNDHW3nog).

Quizá menos tajante, pero más poética, es esta otra reflexión (https://www.elmundo.es/opinion/2016/11/30/583dcd3422601df40f8b4596.html). Difiero en muchas partes de la posición de Zizek sobre Cuba, pero estos textos muestran a los ilustres revisteros que su premisa es falsa: muchos de los más connotados neomarxistas no tienen a Cuba como “referente”, ni primero ni “último”. Y me bastaron cinco minutos en la internet para mostrarlo.

Reitero las malas noticias (para ellos): ni el marxismo ha muerto, ni la historia se ha terminado, ni el capitalismo es el fin de la historia, ni todo capitalismo es neoliberal, ni todo anticapitalismo es marxista. Creo que se impone un relevo generacional: propongo que Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze cedan sus sitiales a Glodejo y Chumibebé. Total, su nivel intelectual ya es el mismo y estos últimos son más “frescos”.

Pd: Este texto era para la semana que entra en el blog https://elpresentedelpasado.com/ pero hoy Nexos es Tendencia en las redes, y hay quienes gritan “censura” porque el gobierno ya no les dará contratos ni canonjías, así que sube hoy.

4 comentarios en “Nexos, Cuba y la reducción al absurdo

  1. Dr. Salmeron, mi texto no es para defensa de nadie y espero que no lo entienda así (si así lo entiende o quiere ver será problema suyo), pero que falta de congruencia. Escribe criticando a historiadores y comunicadores afirmando que son propagandistas y oportunistas de regímenes anteriores que usted llama neoliberales (palabra que AMLO “compró” a Germán Martínez y que con la corrupción Peñista les dio el triunfo en el 2018) y se rompe las vestiduras diciendo que usted es puro y equilibrado, sin embrago, es solo un manifiesto marxista y propagandista del nuevo Tlatoani (quien evidentemente no es marxista). Ambos, sus criticados y usted están al mismo nivel, pierden todo su potencial intelectual por vomitar textos defendiendo sus preferencias “político-económicas”.
    Tengo muchos argumentos para demostrar su incongruencia, pero como suele no contestar en este blog solo escribiré sobre uno; Si los tratados de libre comercio son instrumentos de globalización y en consecuencia políticas neoliberales ¿porque el nuevo Tlatoani firmó la nueva imposición estadounidense llamada TMEC? ¿Porque el nuevo Tlatoani alaba las remesas de los inmigrantes Mexicanos, cuando la inmigración es claramente una consecuencia de las políticas anteriores?… ¿Porque no he leído ninguna crítica de usted hacia el nuevo Tlatoani en ese sentido?

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    1. El señor Cuauhtemoc (Así escribe su nombre, sin acento) Jacques Hernández creé que los conceptos en economía se compran, como sucede con la ropa interior o exterior u otros bienes de consumo. Es producto de estudios económicos. Tampoco el oscuro Germán Martínez del que habla es el autor. El origen del concepto se remonta más atrás en el tiempo, allá en los años 20. Como alardea de mucho conocimiento debería saberlo.

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  2. buenos dias:
    en ocasiones uno desea re-leer y hacer anotaciones al margen ,por que no brindan al lector la version para imprimir,libre de anuncios y en formato PDF
    respetuosamente

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