Recupero mi último texto sobre Belaunzarán

Todavía hay quien usa una foto de 2013 para vincularme a belaunzarán. recupero el último texto que escribí sobre él (y que escribiré), para ver si queda claro:

“Pruebas, señor Belaunzarán”

13-V-2015.

No soy vocero de nadie ni pretendo serlo, escribo este texto a provocación del autor de la “carta” que comento y ante la vergüenza que, como ciudadano, me produce que un periódico nacional publique pasquines semejantes. Me refiero al artículo del diputado Fernando Belaunzarán publicado en Milenio el 6 de mayo de 2015 y que disfraza como “carta a Andrés Manuel López Obrador” (AMLO). Lo disfraza, porque nadie en su sano juicio puede considerar que semejante pasquín pretenda recibir respuesta: el destinatario del diputado no es su antiguo dirigente, sino el lector desprevenido. Igualmente tramposo es el socorrido recurso de presentar el insulto como llamado a no se qué conciliación o ruta común.

La carta del diputado Belaunzarán contiene 1287 palabras. 1272 si quitamos el último renglón, que es un prodigio de desvergüenza. De esas, al menos 170 palabras son insultos, denuestos y calumnias. Los artículos, proposiciones y conjunciones suman al menos 432 palabras. Es decir que Belaunzarán pretende argumentar en unas 650 palabras. ¿Qué argumenta, a qué se limita el artículo del diputado plurinominal, que en campaña jamás dijo una sola palabra como las que ahora escribe?

Es extremadamente difícil desplazarse entre tantos denuestos o encontrar sustancia en ellos. El diputado mezcla una gran cantidad de temas, confundiendo enunciación (y denuesto) con argumentación. En efecto, en esas 650 palabras (u 830, si sumamos las arriba enlistadas), el diputado acusa a AMLO de:

1) dividir a la izquierda para beneficio del régimen (él solito… ¿quién será el mesiánico aquí?)
2) de hacerle la guerra al PRD, ser ingrato con ese partido y calumniar a sus dirigentes.
3) de ser un crítico deshonesto y calumnioso.
4) de acusar “al resto del mundo” desde una superioridad moral no acreditada;
5) de no detectar la corrupción de su círculo cercano cuando fue Jefe de Gobierno;
6) de hacer precampaña con recursos de oscuro origen;
7) de que los diputados de Morena votaran contra de dos leyes que para el diputado son maravillosas (se infiere que lo acusa de orientarlos en ese sentido);
8) de proclamar pureza constantemente;
9) de utilizar símbolos y espacios religiosos;
10) de enviar (se infiere) a su “principal operador” a pactar en lo oscurito con lo peor del PRI;
11) de redimir a mapaches impresentables;
12) de incurrir en actos anticipados de campaña;
13) de “lastimar la equidad” de la campaña de 2018 haciendo trampa como el PVEM;
14) de violar grave y dolosamente la ley electoral;
15) de alentar (se infiere) al horroroso (para él) movimiento antisistémico con un discurso maniqueo;
16) de no aceptar la discrepancia;
17) de recurrir a linchamientos morales;
18) de engañar al pretender colocarse como alguien ajeno a la clase política;
19) de ser dueño de un partido político;
20) de ser representativo y emblemático de la clase política;
21) de estar obsesionado con la presidencia de la República;
22) de no medir las consecuencias de sus actos;
23) de haber dañado a la ciudad con el plantón de Reforma;
24) de dañar a la ciudad, por mezquindad personal, al bloquear la Constitución que “daría plena autonomía a la capital”;
25) de haber hecho resurgir el sectarismo y su estela de odio;
26) de poner en riesgo, derechos y libertades;
27) de no tomar posición respecto a derechos y libertades que para el diputado resultan esenciales;
28) de victimizarse para evitar promover una competencia electoral en buena lid;
29) de ser “ingrato” y “nadar de muertito”;
30) de no saber perder ni aceptar resultados adversos;
31) de que su partido (del que es dueño, según dijo antes) carece de proyecto y agenda;
32) de difamar sin escrúpulo.
33) de confundir demagógicamente anhelos con propuestas;
34) y de no valorar “la crítica argumentada” y solo a los “lambiscones”.

Leyó usted bien, amiga, amigo: 34 acusaciones, 34 calumnias (acusación sin prueba se llama calumnia) en un artículo de 1200 palabras, 650 de ellas pretendidamente argumentativas. Haga usted la cuenta. Por ello, habría que pedir, que exigir al señor diputado que y a sus defensores, que argumenten, que presenten pruebas. Esto que hace, que hacen, no busca el debate, busca la descalificación calumniosa.

Todas estas acusaciones ya las hemos oído de los voceros del poder político y económico, incluidos los dirigentes del PRD cogobernante. Lo que nunca hemos visto, y menos aún en este libelo, son pruebas.

Exigirle a AMLO respuesta es absurdo; exigir pruebas en contra lo es aún más. En efecto: es imposible probar en negativo: si se me acusa de fascista o de racista, ¡cómo puedo mostrar en el vacío que no lo soy? Si se aportan elementos (“usted escribió esto en tal lugar o dijo esto en tal espacio público”), puedo entonces aportar pruebas de descargo. En el vacío, es imposible. Es un principio general del derecho y también, un principio elemental del debate público… si se pretende que el debate tenga contenido y no sea un pasquín vacío, como el del señor Belaunzarán.

No hay substancia ninguna. No hay argumentación. No hay una sola prueba en este pasquín tan aplaudido por quienes han difundido estas versiones. Sin embargo, permítanseme dos apuntes:

1. El libelo contiene un buen número de lapidarias opiniones sobre sobre la izquierda. Porque para mí, como para muchos, la dirección formal del PRD y la mayoría de sus legisladores son un partido co-gobernante, desde diciembre de 2012, cuando su presidente firmó el Pacto por México (a espaldas de la militancia pero no de su grupo, donde destaca el diputado Belaunzarán, que votó no sólo reformas como la fiscal y educativa: también, por ejemplo, exenciones de impuestos a Televisa, según documentos que se están subiendo a la red en estos días).

Para mí, como para muchos, si el PRD representó alguna vez una esperanza de transformación de México, hace tiempo que dejó de hacerlo. No somos nosotros quienes dividimos a la izquierda sino ustedes quienes hace años abandonaron las filas de la izquierda. Al separarse del PRD después de profunda autocrítica, AMLO y muchos más no dividieron a la izquierda: buscaron su refundación (y esta vez, abandono la primera persona del plural, porque yo nunca milité en el PRD).

No sé si AMLO rechace la discrepancia o difame sin escrúpulos (tendría que probarlo el diputado), pero desde Morena o desde el movimiento social hemos mostrado a esa izquierda que se traicionó, que traicionó sus principios y sus documentos básicos, para convertirse en cogobierno (yo lo hice, sin respuesta, en un medio de circulación nacional: http://www.jornada.unam.mx/2014/06/17/opinion/015a2pol y http://www.jornada.unam.mx/2014/07/15/opinion/020a1pol).

Lo que hace el diputado es convertir dos posiciones políticas de momento irreconciliables, en reproches e insultos personales. Que mientras carezcan de pruebas, se llaman calumnias.

2. Reaparece, por supuesto, el tema Ahumada-Bejarano-Ponce. Más allá de que el único de los tres personajes en cuestión que sigue activo en la política milita en el partido del señor diputado, es natural que reaparezca: como los enemigos de AMLO carecen de pruebas para acusarlo de corrupción, recurren a este tema, que lo afectó de manera indirecta hace más de diez años (cuando Belaunzarán respaldaba al gobierno de AMLO y se beneficiaba de él).
La crítica que exige omnisciencia a un jefe de Estado o de gobierno o de partido sobre la actuación de sus más inmediatos colaboradores es absurda y demuestra que se desconoce el funcionamiento de la política (y de los seres humanos). Si los jefes de Estado, gobierno o partido tuvieran la bola mágica que sus enemigos le suponen a AMLO, no habrían muerto asesinados por sus hombres de confianza Cayo Julio César, ni el buen rey Enrique IV de Francia o los presidentes Francisco I. Madero y Salvador Allende. Lula da Silva y Dilma Rousseff habrían desmontado a tiempo los casos de corrupción recién descubiertos. El gran general De Gaulle se habría ahorrado el desprestigio del final de su régimen. El socialismo real no habría desembocado en las catástrofes en que desembocó. Stalin no habría llegado al poder y Belaunzarán y compañía serían responsables directos de la desaparición de los 43 muchachos de Ayotzinpa, lo mismo que Peña Nieto de la omisión sistemática de la PGR… si esta no fuese consuetudinaria.
¿Eso exculpa al jefe de la corrupción de sus subordinados? Por sí solo, no; pero muestra que el jefe no está obligado a saber, que carece de bolas mágicas o poderes extrasensoriales. Por eso, a quienes acusan a AMLO de las corruptelas de Bejarano y Ponce les exijo siempre una prueba. O más allá y mucho más fácil (como se ha mostrado en los casos de Mario Marín, Arturo Montiel, Carlos Romero Deschamps, José Murat, Luis Videgaray o Enrique Peña Nieto), que muestren que hay enriquecimiento injustificable u obtención de propiedades que no corresponden con su salarios. Nunca los poderosos enemigos de AMLO (entre los que se cuenta, como suboficial, el diputado Belaunzarán), han podido mostrar nada parecido. Cuando lo muestren, hablamos en otro tono.
Lo que para mí muestra el caso, es la rapidez de reacción de AMLO y la manera en que da respuesta: a diferencia de los gobiernos priístas, que cobijan, protegen y promueven la impunidad de sus corruptos (como los arriba enlistados), AMLO echó de inmediato a Bejarano y Ponce e intentó, en la medida de sus facultades, llevarlos ante la justicia. Es la misma manera en la que procede Morena: los casos llevados a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia y la respuesta que se dio a los señalamientos ciudadanos sobre los precandidatos en el estado de Guerreo y en Huatulco, Oaxaca, son prueba de una forma cualitativamente distinta de actuar.

3.- Menudencias:
¿Le consta al diputado Belaunzarán que Ricardo Monreal se reunió con Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre para negociar algo? Sería bueno que lo demostrara fehacientemente, o que mostrara los efectos de esa negociación. Y difiero del diputado: lo más deplorable del PRI, por lo que para México significa, no es el siniestro Gutiérrez de la Torre, que sería carne de presidio en un país sin impunidad, sino Enrique Peña Nieto, con quien ustedes pactaron, con quien ustedes gobiernan.
Sobre los derechos de las minorías a que alude Belaunzarán, le recuerdo que ese tema no depende del jefe de gobierno, sino del Congreso que en la ciudad de México, de 2000 a 2006 contralaba su partido. Por otro lado, lo remito a Slavoj Zizej o a la historicidad de los derechos (no hay derechos inmanentes ni consubstanciales al ser humano: hay derechos históricos que se conquistan).
Lo que sí resulta inaudito, inconcebible, es que alguien que milita en el PRD desde su fundación haya escrito:”[ deberías mostrar que] has aprendido a perder y que, por una vez en tu vida, aceptarás los resultados, aunque te sean adversos”. ¿Convalidará el diputado los fraudes y/o la inequidad de las elecciones de 1988, 1994, 2006 y 2012?

Salimos:
Salimos de la desvergüenza prodigiosa del diputado, a quien conocí hace veinte años y con quien tuve cierta amistad entonces. No le envío abrazo ninguno. Ya no hay manera.

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